Casi 50 años después del estreno de Psicosis (1960), la célebre secuencia del asesinato de Janet Leigh en la ducha se ha convertido en la escena más copiada, homenajeada, plagiada y parodiada de la historia del cine. Tal fue su impacto y el carácter mítico que la envuelve que se ha convertido en uno de los momentos emblemáticos no ya del cine de Hitchcock en particular, sino del cine de terror en general. Muchas personas no han visto Psicosis, pero todo el mundo ha visto o conoce la escena del asesinato en la ducha.
Todo lo anterior sólo contribuye a descontextualizar la citada secuencia y a que haya perdido su sentido para la mayoría del público actual. Lo que nadie parece recordar es que, independientemente de filmarla de manera magistral, Hitchcock tuvo la innovadora idea de matar a la protagonista de su película 40 minutos después de comenzar. Si hacemos memoria, Psicosis empieza con Marion Crane (Janet Leigh) quien ha robado 40.000 dólares de su trabajo y ha huido de la ciudad para reunirse con su amante. Todo este primer tramo está narrado desde su punto de vista, y Hitchcock pone todos los elementos narrativos y visuales a su alcance para que nos identifiquemos con el personaje, compartiendo sus miedos, angustias y ansias de salir airosa. Este clima de tensión se torna en atmósfera enrarecida y opresiva cuando Marion llega al Motel Bates y hace su aparición Norman (Anthony Perkins).

La crucial escena que tratamos se inicia con Marion desvistiéndose y entrando en la bañera. Tranquilamente, de manera casi cotidiana, abre la ducha y empieza a enjuagarse, en una sucesión de imágenes sugerentes impregnadas de un intenso erotismo para la época. Poco a poco, Hitchcock va cambiando el punto de vista con la distribución de planos en el montaje hasta situar la cámara en el lado opuesto de la ducha, con la cortina de plástico al fondo. En la penumbra, vemos la puerta del baño abrirse a espaldas de Marion y una figura borrosa se acerca a la bañera y se detiene. Es importante destacar que, hasta este momento, el único sonido que percibe el espectador es el suave murmullo del agua. El silencio total que rodea a la escena está sabiamente empleado por Hitchcock para crear expectación y concentrar la atención del público.


Cuando la figura borrosa descorre la cortina, la música (una tensa composición con instrumentos de cuerda) arranca con fuerza de forma repentina, provocando el espanto en el espectador. Lo que antes era una sucesión de elegantes planos, se convierte en una atropellada secuencia de imágenes y sonidos que ilustra el salvaje apuñalamiento que sufre la protagonista. Cabe señalar que en ningún momento Hitchcock recurre a la violencia gráfica, de manera que sólo vemos planos de la boca de Janet Leigh gritando, de su atacante en las sombras, del agua teñida de sangre a sus pies y del cuchillo subiendo y bajando, intuyendo su horrible muerte. Una vez que el asesino ha concluido y huye del cuarto de baño, se hace el silencio y el montaje se suaviza. No obstante, en lugar de volver a ser elegante y reposado como al principio, se convierte en agónico al ilustrar los intentos de una Marion moribunda que intenta infructuosamente salir de la ducha para acabar cayendo muerta al suelo. Hitchcock consigue que la sorpresa y el desasosiego inunden al espectador, pues acaba de presenciar la brutal muerte de la protagonista, quedando descolocado y sin referencias emocionales a las que aferrarse. Toda una innovación narrativa que sólo a un genio como el podía ocurrírsele y lograr que además funcionara.


En el apartado técnico, y aunque dura solamente 45 segundos, la secuencia se compone de 78 planos filmados en un período de una semana y montados por George Tomasini. La sangre era sirope de chocolate y Janet Leigh llevaba cubierto el busto por un falso pecho de plástico color carne. El vapor del agua caliente provocó que se despegara el adhesivo que lo sujetaba, por lo que Janet tuvo que seguir rodando desnuda, hasta que Hitchcock dio por buena la última toma. En el montaje final, Janet aportó únicamente su rostro: el cuerpo pertenece a la actriz principiante Margo Epper, de 24 años, y el busto a la modelo Marli Renfro, de 23. Debido a que Anthony Perkins no estaba convocado en el estudio durante el rodaje de la secuencia, su silueta fue la de un doble, mientras que el mismísimo Hitchcock asestó las 17 puñaladas. Según afirmaba con ironía, “Lo hice porque sabía perfectamente dónde clavar el cuchillo para que las heridas resultaran mortales”. Sorprendentemente, esta escena estaba originalmente concebida sin música, sólo con el sonido de la ducha, los gritos y las cuchilladas (logrado clavando un cuchillo en un melón). Fue idea del compositor Bernard Herrmann el hoy legendario motivo de cuerdas que la acompaña, el cual entusiasmó a Hitchcock y no dudó en incluir.

Hitchcock negó durante años la existencia de un storyboard de la secuencia, obra del diseñador de títulos de crédito Saul Bass, que sí había dibujado las viñetas de otras escenas del film. Sin embargo, mucho tiempo después y una vez muerto Hitchcock, el célebre storyboard fue hallado. A continuación os mostramos un extracto del mismo:

[...] La secuencia: El asesinato de la ducha de Psicosis (1960), comentada en secuencia cero [...]